Siempre!, México DF, julio de 2002.
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Martín Cristal (Córdoba, Argentina, 1972) es un narrador en verdad notable. El año anterior publicó la novela Bares vacíos, en la que un joven protagonista se involucra en asuntos de lo más peligroso, incluidos el tráfico de drogas y el asesinato. Llena de erotismo, es una de esas obras que se leen con agrado, aunque se deba reconocer su grado de violencia.
Ésta, la violencia, reaparece en el reciente volumen de cuentos de Cristal, Manual de evasiones imposibles (por el cual obtuvo el Premio Iberoamericano de Cuento 2001), cuyos escenarios se ubican en Argentina y México (el autor vive aquí). Es una serie de relatos inquietantes, porque nada en ellos parece estar en su lugar: algo como locura flota en cada texto.
Por ejemplo, hay un cuento donde se da un incesto, o más bien la violación de una chica por parte de su hermano mayor; el padre de ambos debe intervenir para castigar al violador. Lo impactante es lo sorpresivo del final, porque sólo entonces entendemos por qué el tipo visita el lugar de su crimen.
Como el anterior, puedo dar cuenta de lo violento de la mayor parte de los textos de Manual de evasiones imposibles, pero sería injusto privar al lector de conocer por sí mismo el desenlace que es fundamental en cada pieza. Es posible, en cambio, decir que el volumen contiene piezas de antología: aunque sé que es muy difícil establecer cuál es mejor debido a la calidad homogénea del conjunto, me inclino con el relato que cierra el libro: «Voyeur», en el que alguien espía a alguien que a su vez es espiado mientras espía y cree, quiere, que alguien a su vez esté observando. Es un juego muy ingenioso.
En fin, este libro de cuentos de Martín Cristal es un magnífico ejemplo de lo que debe ser el género cuando se deben reunir las piezas en un mismo volumen: no se trata de mezclar la chía y la limonada, sino procurar que haya unidad. Aquí la hay, de sobra, y como dije al principio, uno de esos eslabones es la violencia. Debo agregar: el erotismo y las buenas maneras de narrar. ♦