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ENTREVISTA • Mil surcos

Obra en construcción

—por José Playo—

La Voz del Interior (Córdoba), suplemento “Ciudad X”, jueves 13 de noviembre de 2014.

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El escritor cordobés Martín Cristal presentará en pocos días su nueva novela, Mil surcos, que forma parte de una tetralogía. Los mitos familiares y anécdotas de su círculo cercano fueron transformados en las ficciones que alimentan su plan novelístico.

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MARTIN-CRISTAL-Mil-surcos-(2014)-800pxMartín Cristal está enmarcado en la ventana de un bar, donde aguarda paciente el encuentro para hablar de su nuevo trabajo, Mil surcos, una de las cuatro novelas que forman el proyecto más ambicioso del escritor cordobés. Ha sido muy claro respecto del horario porque por estos días la paternidad, el trabajo y la inminente presentación de Mil surcos le han convertido los momentos de ocio en cuadritos prietos dentro de la agenda. “Puedo de 19 a 20.30”, dice.

Martín es metódico, organizado y previsor. Da la impresión de que siempre está un paso por delante de sus proyectos, como si cada movimiento, en apariencia azaroso, fuera la traza de una voluntad previa, un camino que vislumbra sólo él, una forma de hacer las cosas que a muchos les resultaría rayana con lo obsesivo y que para Cristal no es más que una forma coherente de concretar sus objetivos.

¿Hay otra manera de encarar proyectos como el de esta serie de novelas que está escribiendo? ¿Se puede armar una tetralogía con la cabeza boyando en devaneos inconducentes?

Mil surcos es autónoma y puede leerse de manera independiente, pero dentro de ella hay huellas que remiten al trabajo anterior. De hecho, transcurre en la jornada posterior a la que le da marco a la jornada lluviosa de Las ostras. “Son limitaciones formales que te autoimponés, que están más cerca del capricho y que funcionan para potenciar la libertad creadora en una dirección —explica—. Los elementos clásicos (agua tierra, fuego y aire) afectan a las metáforas y símiles, a la poética, pero se trata de un apunte formal; para mí el arte también es forma, y el contenido de la historias corre por otro carril. Esto tiene que ver con mi vuelta de México (país en el que Cristal residió algunos años y donde publicó su primera novela, Bares vacíos), una de las inquietudes era cuáles son las historias de mi entorno que tengo para contar”.

Martín reconoce que en su propio pasado, en su historia familiar, hay materia inspiradora para personajes y escenas dentro de ambas novelas. Esa materia prima terminó de aparecer en 22 horas de conversación con sus padres, en las que Cristal pudo explorar mitos familiares, anécdotas y versiones sobre hechos. “Sirvieron, aunque mis viejos se contradigan o tengan visiones distintas sobre un mismo episodio; a mí me sirve porque elijo qué poner en la ficción”. Dentro del plan de escritura trazado, que por las características parece blindado e inflexible, Cristal goza de la libertad más absoluta, la de la exploración de la propia historia personal.

El fin ulterior es entender, entenderse y, en apariencia, poner toda la inventiva y la imaginación a transitar por un solo carril hasta la salida: “Lo programático me parece peligroso porque te confinás —dice—, te querés definir y te terminás confinando. Esa preocupación por la continuidad conceptual surgió en algún momento, y me parece que la tetralogía te da una puerta de salida a esa confinación”, explica.

Martín Cristal busca el éxito. Pero no el éxito entendido como una celebración de descorche de bebidas espirituosas bajo lluviecita de papel picado, sino el éxito como culminación de un emprendimiento. “Éxito viene de ‘exitus’, que significa ‘salida’. Lograr el éxito es salir de la empresa que me he propuesto”.

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ARQUITECTO RIGUROSO

La escritura de Cristal es diáfana, seductora y atrapante. Sus ideas corren capítulo a capítulo haciendo foco en el tiempo.

—¿Cómo es la fórmula?

—Hay analogías. Laburo las transiciones entre la voz que narra un pasado lejano, ya que Mil surcos labura con el pasado y ese pasado vinculado a un presente. Por chiquito que sea ese presente, aunque de lo único que se trate sea de la preocupación de una chica por cenar salchichas, pan y mayonesa, ese instante está sostenido por muertes, genocidios y sucesos históricos, y por la historia de tus padres. En ese sentido, el tiempo es una preocupación real, la tetralogía tiene una definición sobre el tiempo.

—¿Cómo sería?

Las ostras representa un pasado reciente, como cuando en gramática decís “he vivido tal cosa”, que hace referencia a un pasado cercano, Las ostras es ese tiempo de verbo. Mil surcos, en cambio, es un pasado más lejano, un “viví”. En la próxima novela será el tiempo del ahora, vendrá la historia de juventud, que es “vivo”, pero por ahora está sólo en zona de promesa. Me puede pasar que lo haga mal, que no logre encajarla a las demás.

—Da la impresión de que tenés como objetivo una obra, en el sentido más amplio del término.

—Busco vincular los libros pero no forzando la trama. He tomado personajes de Mapamundi (su libro de cuentos) en Las ostras, hay un roquero que sale de uno de los cuentos. Y a veces hay personajes que quedaron chiquitos en una novela y que después pueden protagonizar otra cosa.

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EN EL NOMBRE DEL PADRE

Martín Cristal acaba de ser padre. Esa nueva condición fue, para muchos hombres de letras, algo absolutamente incompatible con el trabajo. En el caso de Martín es una situación altamente disfrutable, aunque le genere una duda: “Quiero ver si estoy a la altura de las circunstancias, como padre y como escritor, porque me he llenado la boca diciendo que no les creo a los escritores que no quieren tener hijos para no abandonar la carrera —reflexiona—; para mí, en esos casos lo que tienen es un cagazo de novela, y ese miedo se presenta como excusa. Hay tantos ejemplos de escritores con hijos. Es cierto que todo se va a complicar, pero un tipo que quiere escribir sobre lo real y lo cotidiano y no quiere tener hijos, no lo puedo entender. Yo puedo imaginar cómo es ser militar, pero Hemingway me va a cagar a goles como soldado”, concluye.

Martín Cristal puede hablar de libros y literatura hasta que las sillas del bar queden patas para arriba sobre las mesas. Su erudición no está vinculada a una obsesión académica, sino simplemente a la curiosidad y al placer por la materia que ha elegido como forma de vida. Su existencia parece girar en torno a la literatura, aunque reniegue a veces de eso.

Esta pasión discreta y para nada ostentosa se hace evidente en su blog, donde, lejos de presentarse como crítico, ofrece de manera amable desde comentarios sobre libros hasta complejos gráficos para, por ejemplo, explicar las batallas épicas de la Ilíada. Cuando no una infografía que resume con claridad meridiana la vida y obra de un autor norteamericano de la generación beat.

Además, Cristal está inmerso en otros proyectos: trabaja en un estudio de diseño, es uno de los fundadores del sitio de reseñas de libros locales El lince miope, y actualmente está publicando por entregas una novela de ciencia ficción en el proyecto Palp, donde se están compilando textos suyos y de otros autores que cultivan el género para una eventual edición. ¿Cómo se hace tiempo para estas cosas?

“Acordate de que lo que uno muestra viene con delay —explica—, yo soy muy lento para decidir algunas cosas, al blog lo abrí en 2008, y colgué esos gráficos de la Ilíada, que fueron dibujados en 2006. Eran apuntes, en vez de escritos, apuntes dibujados que hice para poder entender yo mismo lo que estaba leyendo”, resume.

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HOMBRE DE LETRAS

Su conversación es pedagógica pero no aburrida, y tiene sabor de aprendizaje conjunto. En su voz no hay definiciones taxativas, sino más bien preguntas precisas que obligan a pensar y cuestionar paradigmas rígidos que caen estrepitosamente sobre el suelo de la duda. Tras el período que vivió en México e Israel [sic; es Buenos Aires y México], Martín se desvinculó de la escena local. A la vuelta, una vez radicado definitivamente en Córdoba, destinó un buen tiempo a “ponerse al día” y entender dónde estaba parado. Ese gesto lo define. “No escribo para dialogar con una tradición”, asegura. Y es indudable.

Detrás del vidrio de un bar hay alguien que tiene un plan. Por suerte, también todas las herramientas para concretarlo. ♦